CAPITULO 1
AYELÉN
Quinatzin nació en un lugar que es difícil de definir, Yetzel (que significa hombre viejo) era el único lugar habitado en una extensa selva tropical al sur de lo que siglos atrás seria México, era un pueblo que vivía de tradiciones milenarias de diferentes lugares pero también daba mano de tecnologías modernas, un lugar místico con cientos de metales casi vivos que trabajaban en una armonía paralela a lo que bien podría ser un fallo enorme en un viaje al futuro, decir que es una dimensión paralela seria tonto, ellos sabían bien del pasado pero se rehusaban a vivir como lo hacían hace casi 300 años.
Quinatzin
Quinatzin era el menor de 3 hermanos, nacido bajo una familia conservadora con alto estatus económico en el centro de Yetzel, tenia muy pocas cosas que hacer después de despertar, alimentar a los Quetzales y cuidar a los gatos de la vieja señora Huitzil y es que el día no le gustaba, el mencionaba que cuando el sol se asomaba los lobos se vestían de ovejas y todas las perversiones humanas nocturnas eran cubiertas por lana y una mirada alegre.
Por lo cual evitaba a toda costa el contacto por los humanos en la noche, aveces, en la plaza del trueque Quinatzin se sentaba frente a un puesto de aguacates a mirar el cielo, el girar silencioso de las estrellas y su brillo, le hacían pensar que en este mundo había mas dias de los que estaban en el Tzolkin y mas lugares con personas diferentes que deberían ser descubiertos, pero no solo se sentaba a mirar el espacio, también, casi al llegar a la alborada La China caminaba con unos zapatos altos cubriendo en su rebozo su brazo de metal, cargando un acuario lleno de Ajolotes muertos.
Al ver como sufría Q se ofreció a acompañarla cargando con cuidado su extraño cargamento.
-¿Puedo ayudarte a cargar tu pecera?-
-Gracias Quin, pero tengo un brazo robotico, puedo cargar sin problemas otros 5 mas-
-Igual se puede desbalancear con el meneo que haces, déjame ayudarte- y extendiendo su mano toco a la China con suavidad en su fierro brazo.
-Esta bien- respondió
Casi al llegar a la entrada Q se dio cuenta que vivía en el mismo lugar que la vieja Huitzil, por lo que pregunto con la misma seguridad de un lagarto:
-¿Que eres de La Loca?-
China, con la misma mirada de un Jaguar respondió en tono agresivo :
-Es mi madre-
La Vieja Huitzil fue una mujer hermosa, nadie sabe su verdadero nombre, solo que después de su pubertad la gente con tono de burla a su ridícula belleza, comenzó a llamarla así, unos años después, ya en su veintena se unió a un viejo hombre de actitud agresiva que poco a poco, a puño y a palabras comenzó por acabar con las plumas del colibrí, nadie sabia porque estaban juntos, era como si alguien los hubiera atado y su destino era terminar de la manera trágica que concluyo:
Una tarde lluviosa, en el centro de la plaza la mitad del cuerpo arrancado de aquel hombre yacía desmembrado manchando las grietas de los adoquines, las personas que cuentan haber visto las pobres piernas sangrantes relatan con exactitud que ahí comenzó la locura y el declive mental de la vieja Huitzil.
-Lo siento China, no quise lastimarte- Respondió Quinatzin con la mirada hacia el suelo.
-No puedo culparte por creer eso, en este pueblo todos lo hacen. Te culpo por pensar que es cierto...-
-Escucha China, trabajo con tu madre por la mañana, cuido a la veintena de gatos y tengo una relación cordial con ella, mi intención nunca fue lastimarlas, lo siento... Se que no esta loca.-
La China sonrió y mirándolo a los ojos le dijo:
-Te he dicho que mi nombre no es la China, me llamo Ayelén-
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Dejo la cancion del día
Mucha suerte. Yo Jaguar del futuro...
Genial
ResponderEliminar¡Gracias!
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